domingo, 4 de noviembre de 2012

El Pendejo / The Kid

 "Deja ser el primer argentino que te coma la boca," me dijo el pendejo. Qué ingenuo... ¡sería el segundo! JA. 
 Estábamos en el asiento trasero del auto, su amigo manejaba, mi amiga de copiloto. Íbamos a 90, 100, 120, por Libertador. Le corrí la cara sólo para jugar porque en verdad quería que me comiera la boca y sobre todo después de que lo dijo así. Miré por la ventana cómo la ciudad comenzaba cubrirse con esa luz media blanca y celeste de la madrugada.
 Me volví hacia él y me besó con furia y agresión, su lengua medio violándome. Me aparté. Y al segundo estábamos pegados de nuevo mientras árboles y edificios se borraban tras el Mazda3.
 Esa noche me había juntado con mi amiga Pauli en mi casa. Ella trajo una botella de champagne y yo había comprado otra botella de champagne, pero ROSADO. Nos tomamos las dos mientras le contaba los detalles de mi terminada y nos maquillábamos en el baño, yo intentando un efecto smokey eye con cuatro copas en mi sistema. Parece que ese es el secreto porque quedó perfecto. O al menos así se veía para mí en ese minuto.
 Llegamos a Crobar y Pauli sacó la usada pero tan efectiva estrategia de hacerse la extranjera tonta (¿cómo? ¿¿hay que pagar?? Pero nosotras venimos de Chile!) para entrar gratis y esa vez además nos hicieron pasar al VIP que al final es lo mismo pero un poco más vacío.
 Estuvimos harto rato bailando y rechazando a cualquiera por feo, por tener gel en el pelo, porque el amigo era feo, hasta que se hizo la luz. El rubio de pelo liso y largo, ojos oscuros y sonrisa inmensa era para mi. El moreno maceteado para la Pauli.
 Bailamos un rato ahí hasta que se les ocurrió ir al casino. Nos subimos al auto aceleroso del amigo y fuimos a que ellos perdieran plata.
 "Che, estaría bueno un cafecito ahora," dijo el pendejo que tiene tres años menos que yo después de que terminó de comerme la boca en el auto a la vuelta de jugar black jack. El comentario estaba obviamente cargado; estábamos camino a dejarme en mi casa. 
 Le dije que se dejara de indirectas y que todos podían subir si querían. Así que ahí estábamos todos sentados en mi living con vista al rio, tomando café. Y eso fue todo.
 Lo clasifico con un argentino estereotípico. Chamullero, lanzado, guapo, bueno para el weveo. Vive en Belgrano, vacaciona en Mar del Plata. Espero verlo de nuevo.
...
 "Let me be the first Argentine to eat your mouth," said the kid. How naive... he'd be the second! HA.
  We were on the back seat of the car, his friend was driving, my friend next to him. We wer egoing at 90, 100, 120 (km/h) through Libertador. I moved my face away just to play because I did want him to eat my mouth, especially after he said it that way. I looked at the window and saw that the city was beginning to get covered by that white and light blue light of dawn.
 I turned back to him and he kissed me aggressively and with rage, his tongue kind of raping me. I moved away. A second later we were glued together again, trees and buildings disappearing behind the Mazda3.
 That night we had got together with my friend Pauli at my house. She brought a bottle of champagne and I had another bottle of champagne, but PINK. We drank both while I told her the details of my breakup and I attempted a smokey eye look in the bathroom with four drinks in my body. Which might be the secret because it turned out perfect. Or at least that's how it looked like to me at that time.
 We got to Crobar and Pauli used the tried and effective strategy of playing the dumb foreigner (what do you mean we have to pay? But we came all the way from Chile!) to get in for free and this time they also let us go in the VIP, which always ends up being the same thing except with a little less people.
 We danced for a while rejecting anyone for being ugly, or having hair gel, or having an ugly friend. Until the light was made. The  straight, long blonde hair one with dark eyes and a huge smile was for me. The dark built-up guy was for Pauli.
 We danced a while and then they felt like going to the casino so we got in the friend's speedy car and went so that they could lose a little money. 
 "Hey, it'd be great to get some coffee now," the kid who was three years younger than me said in the car after he ate my mouth on our way back from playing black jack. Of course it was a charged question; we were on our way to drop me off. 
 I told thenm they could all come up. So there we were, the four of us drinking coffee in my living room with a view to the river. And that was all.
 I clasify him as a typical Argentine. A sweet-talker, brash, handsome, fun guy. He lives in Belgrano and vacations in Mar del Plata. I hope I see him again.


   

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